Imagen: Clara, "Claveles", 2011
Nadie conoce el jardín donde te escondes,
las hojas que te hacen de sábanas
y tu almohada
de flores de otros tiempos.
La alegría viaja sobre los desiertos
y ahí se posa
mariposa infinita.
Nadie sabe si el alma tiene alas,
si sabe distinguir ocaso y alba
espejismo y reflejo
luz y neblina.
Si la lluvia cura el agua marina
o si el mar se enciende
cuando el agua llora
en noches sin luna.
Sé que amé mal
la brisa de la playa
y que no supe mojarme
en la caricia del tiempo
ni entender el cielo teñido de rojo
ni beber tus momentos
de melancolía.
El viento olvida mis ansias
y me perdona
el silencio
el grito
el espacio olvidado.
Tampoco sé que tenía que respirar
el cielo.
Fácil como la transparencia,
fácil como vivir contigo cualquier vuelo,
como morir en ti
sin padecer la vida
mientras la noche es fría.
El invierno está durmiendo en mi cama
en vano roza mis pestañas
el sueño de una sombra de sol.
Eterno y pálido conflicto
que el tiempo sea coherente,
que el hilo sea un recuerdo
incesante
de ti.