Imagen: Claude Monet, Ninfeas, 1908
Ella me contaba de un País
hecho de viento,
de arena y de locuras.
No sabía dibujar,
no escuchaba sonidos.
Pero sí, respiraba polen
y renacía.
Es que te fuiste sin decirme tu nombre
y tu perfil se esfuma lentamente en la
lluvia.
Quizás fuiste el recuerdo de un deseo.
La lluvia te ponía feliz, lo vi en tus pasos.
Sonreías con la boca inmóvil, sólo con
tus ojos de ámbar y miel.
De arena mojada.
Calma.
Saber de vos me hace sentir
un punto más en la niebla.
Y es un consuelo saberte, tenerte.
Te necesita cada gránulo de mi paciencia
para creer un poco, para creerme ahora.
Llueve barro.
He esparcido tus semillas despacio y
a cada latido le regalo tu silencio,
a cada respiro del mundo,
mi secreto.
Hoja de ternura.
Sé que un día,
en un sin tiempo lejano,
el universo abrirá su entrada
a una tierra sin alma.
Y justo ahí,
donde confluyen los mares ,
estarás vos cuidando
mi promesa.
Clara